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Revista Veintitantos

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suenos humedos relato

Sueños húmedos

"Abrí los ojos y era Alfonso quien me acariciaba y preguntaba si me gustaba lo que me hacía, dije que sí; él sonrió y en seguida me beso directamente el pubis, su lengua se deslizaba con soltura y sus labios me acariciaban exquisitamente"

24/10/2019 | Autor: @20s
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Siento el cuerpo caliente, puedo notar como unas gotas de sudor me recorren el rostro, el cuello, el pecho, el abdomen, incluso la parte interna de los muslos, si me concentro puedo sentir como mi sexo se siente caliente y en movimiento. Siento cansancio pero también placer, no me gusta parar, al contrario, me complace seguir hasta el final.

En el espejo observo el vaivén de mis caderas que siguen las de Alfonso. Acelera y enseguida lo alcanzo, va despacio y nuevamente lo imito. Me siento sensual moviéndome de esa manera, pausada y exagerada al mismo tiempo. En cuanto me mira trato de enderezar la espada y echar los glúteos para atrás, quiero que me viera perfecta.

A veces me distraigo observando sus manos, sus antebrazos marcados, sus hombros fuertes… me imagino que sus dedos me recorren; se notan suaves, se me antoja demasiado que me toquen, que recorran lentamente mi piel.

Ya estoy soñando otra vez…

Suenos humedos

 

 

Alfonso

El día que todo comenzó yo llevaba la t-shirt inapropiada para hacer spinning, había salido tarde la oficina, después de un día espantoso y lleno de contratiempos, simplemente necesitaba ir a sacar un poco el estrés, a distraerme y ver a Omar, el chico de la clase que me gustaba. Tomé lo primero que encontré del clóset: una t-shirt, una sudadera, unos pants, tenis, tomé mi bolso con lo necesario para el gym y a correr.

La clase estaba por comenzar, extrañamente las dos únicas bicicletas vacías estaban frente a Alfonso, tomé mi lugar en una de ellas. Omar no estaba, siempre llega a tiempo, así que me desilusionó pensar que no lo vería ese día. Creo que Alfonso adivinó mi pensamiento al decirme:

-Omar no viene hoy, así que espero que ahora sí no te distraigas tanto.

¿¡Qué!? ¿Tan obvia era? Yo hubiera jurado que mi gusto por Omar era el secreto más oculto de la Tierra. Evidentemente no, pero fingí demencia ante Alfonso y pedí comenzar la clase.

Todo iba transcurriendo con normalidad hasta que caí en cuenta que Alfonso evitaba verme, gran parte del tiempo daba indicaciones e inmediatamente bajaba la mirada o volteaba a un lado, no al frente como acostumbraba. Con más frecuencia se bajaba de la bicicleta para dar indicaciones a otras chicas y chicos, pero a mí me pasaba por alto.

Por un momento pensé que era porque no había nada que corregirme pero al agacharme para tomar mi botella con agua me di cuenta que el escote de mi t-shirt estaba muy por debajo de la ropa que yo normalmente llevaba al gimnasio. ¡Ups!, en ese momento comprendí la actitud de Alfonso, pues aunque otro se hubiera quedado ahí mirando, el más bien se sentía intimidado, eso me prendió al instante, disfrutaba pensar que me podía ver los senos.

En cuanto se subió a la bicicleta clavé mis ojos en su rostro, estaba haciendo mi mayor esfuerzo telepático para que volteará a verme. Hubo momentos en que no pudo resistirse y detenía la miraba en mí, pero en cuanto descubría que mis ojos lo estaban vigilando, sólo se limitaba a sonreír y enseguida voltear la mirada a otro lado o persona.

Ese día también descubrí la ventaja de los espejos, mi bicicleta no estaba exactamente frente a la de él, sino ligeramente a un lado, así que tan discreta o descaradamente como quisiera, podía observarlo de frente y de espaldas.

Lo hice lo más evidentemente que pude. Hasta el momento no había caído en cuenta de lo bien formado que estaba su cuerpo, me divertí poniéndolo nervioso, el resto de la clase no dejé de mirarlo, coqueteando, actué como si fuera lo más normal en mí llevar aquel escote, incluso como si no existiera.

Notarlo nervioso, me dio la energía que necesitaba para enderezar mi el ánimo de aquella tarde y razón suficiente para regresar a las siguientes clases con más ímpetu, a partir de ese momento me pareció todavía más divertido y atractivo ir a al gimnasio.

Para mi siguiente visita, llegué temprano para tomar exactamente el mismo lugar. Todavía más descaradamente comencé a mirarle el trasero, por minutos detenía mis ojos en esa zona y observaba sus movimientos; seguí con sus muslos, me podía dar una idea de cómo se mirarían desnudos, se me antojaba tocarlos y tenerlos alrededor mío… encima de mí, acomodándose para penetrarme.

Nos observaba llevando el mismo ritmo y me preguntaba si en la cama seríamos tan sincronizados, yo definitivamente podría moverme a su ritmo.

Mientras fingía poner atención en sus indicaciones, también iba observando muy detenidamente su rostro: tiene una nariz perfecta, mediana y recta, unos labios delgados y rosados, que se antojan besar enseguida, su sonrisa es grande y franca, como de niño pícaro… ¿cómo no me había dado cuenta de esos detalles que me gustan? Su cuello se nota suave, ¿qué olor tendrá? Tiene pestañas pequeñas pero ligeramente levantadas… los ojos se le iluminan cuando sonríe.

Me gusta. Definitivamente me gusta.

Omar

El día que me percaté de la presencia de Omar, él me miraba el trasero, fingiendo observar la postura adecuada para hacer el ejercicio dictado por Alfonso, había podido recorrerme y seguramente desnudarme con los ojos. Me molestó un poco su actitud, me le quedé mirando para que se diera cuenta que lo había descubierto. Puso cara de contrariedad y, en adelante, se limitó a verme solamente de vez en cuando y de reojo.

En ocasiones me miraba a través del espejo que nos queda enfrente, a espaldas de Alfonso, cuando él se bajaba de su bicicleta y nos daba instrucciones personales, cambiaba el CD, subía o bajaba el volumen de la música. Lo hacía mientras yo estaba distraída o muy concentrada en el ejercicio, en cuanto me sentía observada buscaba de donde provenía la mirada pero Omar siempre era más rápido y fingía no haber hecho nada, sino estar concentrado en lo suyo.

Pensé que en la siguiente ocasión iba a elegir el lugar más apartado de donde el estuviera, pero en el último instante decidí quedarme nuevamente a su lado. Lo sentí como un reto, no iba a dejar que me intimidara, ni me hiciera sentir incómoda. Quise regresarle la experiencia de ser ‘escaneada’ y en un arranque de valentía, mientras sabía que él me observaba por el espejo, lo miré algo distraída y luego me quedé mirando su trasero… él no podía adivinar si en verdad lo miraba o sólo dirigía mi vista hacía ese punto mientras pensaba y veía otra cosa…

Pude notar que volteó a verme sorprendido, pero yo seguí fingiendo que no me daba cuenta. Pausadamente me salí de mi lapsus de “inconsciencia”. En ese momento Alfonso nos pedía que aceleráramos el paso al máximo, con todo nuestro esfuerzo.

Generalmente bajo la mirada, cierro los ojos o volteo la cara, es mi forma de clavarme en lo que estoy haciendo… dar mi máximo esfuerzo sin distraerme. En esa ocasión, puse descaradamente la mirada en Omar, noté su cara de confusión, se esforzaba por mirar al frente y no confrontarme. El minuto que duró el ejercicio debió parecerle una eternidad.

Me divertía verlo en aprietos, conforme pasaron los días por parte de los dos se sentía cierta tensión sexual y secreto coqueteo, dudo que los demás se dieran cuenta (bueno quizá Alfonso). Buscábamos quedarnos uno al lado del otro y si por alguna razón no lo lográbamos, nos observábamos; pocas veces nos sonreíamos abiertamente o comentábamos algo, pero poco a poco verlo se fue haciendo un motivo para ir al gimnasio.

Es alto y musculoso, imagino que levantaría mi peso muy fácilmente. No tendría ningún problema en hacerme el amor estando de pie y cargándome… podría elevarme, ponerme de espaldas a la pared y desde ahí embestirme profundamente. Sus manos son grandes, las imagino masajeando con cada una mis senos o mis glúteos, sintiéndolas fuertes… o tomándome por la cintura para acercarme a su cuerpo. Creo que lo besaría con fuerza, hasta con violencia.

He imaginado que tiene un miembro grande, grueso… dicen que el tamaño no importa, tal vez no, pero a mí me gustan los miembros grandes; se me antoja verlos erectos y firmes. En mi mente el pene de Omar ha recorrido mi piel humedecida por el calor de la excitación, lo he saboreado en mi boca y en mi vagina, deslizándose rítmicamente, mojado… con enormes deseos de venirse dentro de mí. Me pregunto si le cruzara por la mente la idea de que mientras hago ejercicio frente a él, imaginariamente estamos haciendo el amor.

Es la clase de hombre con el que no podría resistirme a pasar al menos una noche teniendo sexo desenfrenado, sintiéndome una mujer atrevida y sin inhibiciones. Tal vez por eso no me le acercó más.

El sueño

Muchas veces he regresado del gimnasio directo a masturbarme o darme una ducha fría, una vez que le di permiso a mi imaginación, ésta voló y voló… unas veces con Omar, en otras con Alfonso.

No me cuesta llegar al orgasmo pensando en lo sexy que se veía Omar, minutos antes; sudando y respirando con fuerza para mantener el ritmo, el control… así me lo imagino en el sexo. Como un guerrero dispuesto a mostrar su fuerza y el poderío de su cuerpo. Lo dejaría tomarme con algo de arrebato, lo incitaría a tomarme como una especie de esclava a la que tuviera que castigar.

Pero también me calentaba el coqueteo más sutil de Alfonso, esos músculos semi escondidos, la conversión del niño inocente en el hombre sensual. Creo que es la clase de hombre que tiene sexo lento, explotando todas las posibilidades de hacerte sentir, gozar, disfrutar. Sin pedírselo, seguramente se hincará frente a tu cuerpo tendido y besará suavemente, centímetro a centímetro, tu cálida piel. Me puedo imaginar como esa linda sonrisa se transforma en la más provocativa mientras humedece y muerde ligeramente uno de mis pezones. Pienso que no me cansaría de pedirle que me penetrara una y otra vez, después de haber experimentado la cercanía al orgasmo con todas sus atenciones…

Estimulada por todas esas fantasías, durante varias semanas me dediqué a soñar despierta, pero la mejor experiencia de todas me ocurrió estado dormida:

Caminaba desnuda por un pasillo largo, poco iluminado, iba de prisa, como intentando llegar a tiempo para algo, me sentía nerviosa y agitada. Al final del pasillo había una puerta, la abrí y llegué a una habitación casi vacía. Unos inciensos y velas formaban un círculo, yo me senté en medio de él y comencé a tocarme, cerré los ojos, humedecí mis dedos con mi saliva y los lleve en medio de mis piernas. El calor que sentí fue agradable y muy sensual, pero de pronto los dedos que me tocaban ya no eran los míos, ahora mis manos tocaban mis senos… abrí los ojos y era Alfonso quien me acariciaba y preguntaba si me gustaba lo que me hacía, dije que sí; él sonrió y en seguida me beso directamente el pubis, su lengua se deslizaba con soltura y sus labios me acariciaban exquisitamente, era el sexo oral más delicioso que nadie me había hecho.

Tuve ganas de que me penetrara y se lo dije, pero en cuanto se puso encima de mí me di cuenta que era Omar quien estaba ahí, uniendo su sexo al mío, empujándolo rítmicamente, con fuerza y pasión. Disfrute por un rato la sensación y de tenerlo así, luego le dije que quería besar su miembro. Lo ayude a recostarse en el centro del círculo y comencé a hacerle sexo oral… era riquísima la sensación de saborear su sexo, suave y viril al mismo tiempo. Sentí unas manos que recorrían mis glúteos…

-También quiero… -dije.

Alfonso comenzó a penetrarme desde atrás, mi adrenalina parecía un maremoto, sentía oleadas de placer extremas y adictivas, no deseaba que nada de aquello parara…

Nuestras manos, bocas, sexos… nuestros cuerpos enteros formaban una sincronía perfecta, no había choques ni movimientos errados, al contrario, todo sucedía como en una coreografía donde cada uno sabíamos qué hacer y dónde estar.  

-Así lo imaginé-, pensé.

Las manos de Omar me obligaron a levantarme y me acomodaron para que él pudiera penetrarme otra vez, sentir nuestra unión; mientras y Alfonso me acariciaba y besaba los senos, hizo que mi orgasmo se acercara súbitamente. Me sentí en medio de una especie de delirio, gritaba sin poder contenerme, mi único pensamiento era “quiero más, de los dos…”, me sentía invadida por el éxtasis… lubricada, con una explosión dentro de mí.

Me desperté en medio de un gemido y a la mitad de uno de los orgasmos más deliciosos que recuerde.

Estaba caliente y agitada, completamente complacida. Disfrute la sensación todo lo que pude y traté de fijar en mi mente cada imagen de mi sueño.

Miré la hora, eran las 3:28 am, todavía faltaban muchas horas para ir al gimnasio, pero tendría tiempo suficiente para pensar en algún plan que pudiera hacer de mi sueño, una realidad.

 

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